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El lienzo está
preparado
y como en cada ocasión
mi hija y su escaramuza
quieren dar buena actuación.
Con la
sonrisa en sus rostros,
listas a participar,
se persignan al Eterno
pues es hora de empezar.
Ya montada en su
corcel,
vistiendo su lindo atuendo,
mi hija se yergue, crece,
como por encantamiento.
Uno a uno, doce
ejercicios
y en cada uno una oración,
que la madre de mi niña
está rezando al Creador.
Son tres minutos
y medio
lo que dura la rutina,
pero la nerviosa madre
siente que nunca termina.
Finalmente se
termina
y queda la algarabía…
¡¡ benditas sean las mujeres
dentro de la charrería !!
Una a una las
pequeñas
van siendo reconocidas
y acarician sus corceles
pues están agradecidas!
Mi hija, al oir
su nombre,
alza su brazo y saluda;
mi mujer la ve orgullosa:
está contenta, no hay duda.
Escuchando
aún los aplausos
preparan su retirada;
galopan hacia la manga
y salen bien ordenadas
La escaramuza
ha cumplido;
su parte está terminada,
se va el lindo ramillete...
¡Continuemos la charreada!
Autor: Ismael Hernández Ríos
Asociación de Charros “El Peñón de Salinas”, S.L.P.
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