Columna - RAFAEL RAMÍREZ MICHEL, “LA MENUDENCIA”, EL ÚLTIMO DE LOS ROMÁNTICOS II
 

TORO CAMPANERO - HASTA LA MOTA
por Sergio Martín del Campo Rodríguez

Lagos de Moreno, Jal. a 3 de enero del 2010
torocampanero@yahoo.com.mx


Amigos aficionados al arte en el que se funden las baquetas, los ixtles y los metales, a lo extenso de su trayectoria fue coleccionando gallardetes para completar un salón formidable en el que se colgaron y se colocaron de ellos hasta un número mayor a los ciento setenta. Destacan los campeonatos nacionales individuales de jineteo de yegua y paso de la muerte en León 1976, en 1977 en Monterrey en jineteo de toro y nuevamente paso de la muerte; al año siguiente en Guadalajara reedita en jineteo de toro, logrando otra monarquía de esta ruda faena en el congreso de 1983 vertido en Apaseo el grande, Guanajuato. Habrán de contarse también los campeonatos que logró en equipo, con Charros de Jalisco: León, Guanajuato en 1976, Monterrey, NL 1977 y Guadalajara, Jalisco en 1978, manganas a pie en la Ganadera,  además de uno más en equipo con Triángulo de los Arenas en Querétaro 1994.  

El 2 de mayo de 1987 Rafael Ramírez Michel desposó a Susana Miranda; fuera de los lienzos, y a enjuiciar por su manera de vivir, siguió vereda como hombre de familia. Así le enseñaron sus padres.

De su vida particular, esa que queda fuera de los lienzos, del bullicio del público y de los comentarios de los corrillos, se puede sin discreción ni temores hablar de que contrajo nupcias con la señora Susana Miranda el 2 de mayo de 1987; con ella procreó a dos hijos, una mujer y un varón formando así una familia con los valores y esquema de la buena sociedad mexicana. 

LAS ANECDOTAS Y LOS MEDIOS DIAS MAS ALUMBRADOS

En el lienzo de la Nacional del DF, cuando corría 1986, tiempos ahora solo vividos en las olas de los recuerdos, se desencajonaban bureles de un tonelaje espeluznante –entre 850 y 900 kilogramos- y un juego de reparos demencial. Ya apeado como firma de triunfo, el toro aquel no embestía, únicamente hacía el amago. Cuando sacan al toro, Daniel Goñi le advierte: -¡Salte porque viene un toro muy bravo!

En esta fotografía salida de la cámara del famoso Oskar Ruiz Esparza, “El Charro Araña”, fue capturado todo el estilo y la fuerza de “La Menudencia” en las jineteadas de toro. La charrería quizá ya no vuelva a tener jinetes de ese perfil. (Lienzo de la Ganadera, Guadalajara, Jalisco).

Efectivamente, apareció en el círculo, pleno de fuego por la charra acción del charro tapatío, un torazo cebú que en su primera acometida descabalgó a uno de los terneadores mientras “La Menudencia” recogía el pretal; parado en el centro mismo del ruedo se descubre la cabeza del ancho pachuqueño e incita al adversario a que le embista, cosa que atiende el bovino luego de un amago. Para esto el público ya se encontraba con la emoción muy cercana a salirse de su orbita. Finalmente se arranca el toro y la “Menudencia” le saca un par de “vueltas” en medio del popular delirio…

Este cuadro, para halago de la historia de la charrería, presenta una de las últimas jineteadas de novillo que protagonizó “La menudencia”. Jamás rehuyó la pelea a ningún bovino, por bravo que fuera, como resultó el colorado que en esta hoja se presenta. (Lienzo del Triángulo de los Arenas, Guadalajara, Jalisco).

El ateneo arenoso del célebre lienzo “Los Paraísos” de León, Guanajuato, fue otro templete sobre el que multiplicó sus cualidades jineteriles sobre el lomo de un toro en enero de 1976. Bien conocida era la acérrima rivalidad que tenían “Los Hermanos Pedrero” contra los Charros de Jalisco, misma que alguna vez atravesó algo la frontera de la competencia en “la pista”; anunciado este par de asociaciones, las gradas del inmueble se encontraban pues, bien renchidas de un público entusiasta y deseoso de ver charrería y aplaudir hasta provocar con sus palmas una encendida llama. En la ecuatorial parte de la charreada, las sumas iban sobre matemáticas demasiado paralelas para ambos conjuntos.

Durante un aniversario de “La Tapatía de Charros” de Guadalajara en 1979, se entroncó con este enorme buey de pavorosas guadañas al que ganó el dramático juego con su denuedo, excelente técnica, experiencia y limpieza en tan bárbara faena. Deténgase la mirada en la gráfica que recogió el momento en que firmó la suerte y a punto estaba de quitar el pretal, para apreciar la alzada del ungulado…

Como un vendaval de reparos apareció de uno de los entubados un bóvido en cuya espalda bestial iba “La Menudencia”; aquel cuadrúpedo parecía desintegrarse queriendo deshacerse de su antagonista. Al no lograrlo saltó la barrera para abrigarse del callejón; al ver que ni así se quitaba al osado jinete, fue en busca de la manga y llegó hasta ella… aún con el charro unido como un injerto para él maldito. Como fin de hazaña Ramírez Michel, por su cuenta y voluntad, se desmontó cuando se entroncaban con los 30 metros. Las expresiones desmesuradas de la gente volaron a maneras de vítores ancestrales.

Orgullosamente sosteniendo un gallardete de manganas a pie en el DF.

Al llegar la faena de la jineteada de yegua, Arturo Ibarra se responsabilizó de ella, e inspirado por la denodada acción de su compañero, aguantó en demasía el “disparo” que dio aquella bruta hacia el callejón, de lo cual sacó una bárbara fractura que en otras hojas de esta obra se cuenta a detalle…

“El Cuervo” era un torazo de los bien llamados “jugados”, que perteneció a los corrales de don Ramón Ibarría.

Salvador Sánchez “El Vos”, le invita a viajar a la bella y costeña ciudad de Puerto Vallarta. Pese a que “La Menudencia” no quería ir, finalmente accedió.

Según el evangelio de los rumores de gente que en su momento estaba sumergida en el ambiente de la charrería y especialmente en el del equipo de Charros de Jalisco, don Ramón y “El Vos” se habían puesto de acuerdo para “calar” hasta que altura podía llegar “La Menudencia” como jinete de toro.

Recibe el primer trofeo como monarca de manganas a pie durante el Congreso de 1978 vaciado en el lienzo de la Ganadera de la Perla Tapatía. A su lado derecho se ve a don Pepe Ariza.

La competencia amistosa se sucedió con la normalidad de la cotidianeidad, pero al llegar a las ternas aseveró rotundamente don Ramón: -¡Ese es para “La Menudencia”! –se refería al “Cuervo”, que en ese medio día tenía etiqueta con dedicatoria especial-; del modo que haya sido le montó y pese a que le venció el estupendo astado, la monta resulto de aquellas dignas de enmarcarse con fina madera.

La última vez que salió a un círculo congresista con los colores de Charros de Jalisco fue en 1983 –nota dada con letras impresas anteriormente-, en Apaseo el Grande, Guanajuato; para halagar su participación saca al jinete que llevaba muy dentro y se mantiene en el dorso de un excelente toro; al apearse fue tasado con una calificación que a la postre del campeonato le dio el primer premio individual de la faena.

Durante la inauguración protocolaria del Congreso de 1981, estando dividida la Federación, llevado en Guadalajara mientras se desarrollaba otro en Monterrey, dio esta exhibición de floreo de salón en el importante Teatro Degollado.

FORMIDABLE CONCIENCIA DEL ESPECTÁCULO

“La Menudencia” es aprobado para que la madre charrería le destare como a un hijo dorado; si algún ejemplo se pudiese engendrar como carne de movimiento y vida totales que fuera el antagonista absoluto del convencional “charro” que se olvida que charrear es hacer espectáculo, y no tiene sentido del ánimo de un público que va a divertirse a un lienzo, ese fue él.

El gobernador de Jalisco le hace entrega de la Medalla como Mejor Deportista, dentro del rubro de la charrería.

“La Menudencia” está enlistado como uno de los últimos, si no que el último, “Quijote” que montó al verdadero toro bajo un modo clásico: sin corneras ni verijero, con ambas manos ceñidas entre el dorso de las bestias y el pretal, y jugando adelante, hasta allá, en las paletas las enchaparreradas piernas. Ya vencido su antagonista, si la jineteada había sido lucida, se apeaba pretal en diestra y agradecía al cotarro sus aplausos con juncal planta, con suficiencia y caravana legítima.

Don Carlos Sánchez Llaguno –vestido de charro y con lentes-, amparado por la compañía del gobernador de Jalisco –lado derecho de la fotografía-, le premia como charro destacado, con un diploma que llevaba unida una medalla con la efigie del propio don Carlos.

Otra de sus aportaciones a la charrería, además de imprimirle firma original a las manganas del “Tirón del ahorcado”, las que invariablemente ejecutó así desde 1978 hasta su relativa despedida en 1983, fue un alarde, un adorno cortés y varonil que estrujaba a los públicos: al llevar ya “prendida” la mangana, en tanto dejaba que la torcida y candente lechuguilla corriera toda por el centro de su puño, volteaba a los tendidos con enorme gusto, el cual retrataba su sonrisa, para una vez terminadas las varas de la reata y a poco de llegar al nudo que enjoyaba su fuerte cuello, tirarse clásicamente cara al firmamento y derribar a la mechuda.

                                          Con su esposa y su par de vástagos.  




 

Otra más de sus últimas salidas orquetado sobre la espina de un rumiante; aquella ocasión hasta voló y “La Menudencia” quedó parado sobre la barda. (Lienzo “La Generala”, Guadalajara, Jalisco).

 



Un insoportable viento de olores ancestrales, de honduras y pleno ser charro rodeando
a “La Menudencia”. (Lienzo de Pegueros, Jalisco, 8-octubre-2000).


Colenado tomaba líneas personalísimas. (Lienzo de Pegueros, Jalisco, 8-octubre-2000).


Un floreo peculiar y un cuello de notada fortaleza, polines de manganas con sello propio
. (Lienzo de Pegueros, Jalisco, 8-octubre-2000).
Formidable sentido del espectáculo. La gráfica enseña el instante exacto en que luego de llevar encendida la mangana, no se gusta el intérprete… degusta al brindarla a los aficionados que gozan otro tanto con el charrísimo momento.
 

RAFAEL RAMIREZ MICHEL, “LA MENUDENCIA”, EL ULTIMO DE LOS ROMÁNTICOS I