Columna -  ENRIQUE MORIN GUERRERO, EL JINETE DE HIERRO
 

TORO CAMPANERO - HASTA LA MOTA
por Sergio Martín del Campo Rodríguez

Lagos de Moreno, Jal. a 16 de Agosto del 2009
torocampanero@yahoo.com.mx


ENRIQUE MORIN GUERRERO, EL JINETE DE HIERRO 

Los vecinos de San Luis de la Paz Guanajuato, ven con la normalidad que engendra cierta indiferencia a su vez extensión de la cotidianeidad, pasar a un hombre de buena estatura, mirada fija en indeterminado sitio, y andar compacto; va al lienzo del pueblo, aún cuando los rayos candentes del rey astro no quieren dejar escapar todo el mensaje de claridad; ahí tiene su querencia, sus amores, sus aficiones. De entre esos muros pigmentados de guinda, escapa el aliento que se transfigura en nostalgia e imborrables recuerdos de sus mejores tiempos en la charrería. En el espacio de ese inmueble, salido en gran parte de su iniciativa, puede correr y realizar ejercicio para mantener su cuerpo hercúleo y misterioso, propio de un guerrero plagiado de antiquísimas páginas que ya solo viven en la memoria de la historia universal. Además tienen casa sus caballos, a los que monta ya por gusto puro y cristalino, que por la ambición de lograr reconocimiento en alguna competencia, pues esa ambición en su momento la dejó saciada. 

En el Congreso Nacional de 1966, derramado en León de los Aldama, Guanajuato, bien fraguó este paso de la muerte que le puso en la peña del subcampeonato de la faena.

Enrique Morín Guerrero ve los primeros rayos de la vida el 1 de junio de 1945 en San Luis de la Paz. Con su alumbramiento, y el de sus hermanos, se estaba realizando la quinta generación de gentes de a caballo, partiendo desde aquel primer hombre que se identificaba con el apelativo, Leonicio –padre de Manuel, “El diablo verde”, personaje de leyenda y de Corrido-, quien llegó cuando la patria, agotada pero entusiasta, veía los últimos tramos dramáticos de su Independencia.  

En otra cara de su vida; participó en dos films con Vicente Fernández, “Un hombre llamado el diablo” y “Juan Charrasqueado y Gabino Barrera”; en la foto aparece con parte del elenco de la segunda cinta.

El mayor Fidel Morín Guzmán veía la charrería como una doctrina; a todos sus vástagos les inoculó entonces del ambiente y, hasta fantaseando quizá, los enseñó primero a montar a caballo que a gatear.

Dueño de un rancho amplio en agostaderos que tenían suficiencia de mantener la formidable cantidad de 800 cabezas de bóvidos, aprovecha tal privilegio y con todos los elementos que esta situación ofrece, explaya a toda su familia en las legendarias y arcanas labores del campo y el ganado.

El cielo abierto, las enramadas, los peñascos, las veredas polvorientas, los alambrados y las cercas de piedra, constituyeron para Enrique la gran aula en la que mamó sus primeros conocimientos relativos al arte de charrear.  

Esta gráfica fue tomada prisionera en 1964 en el lienzo celebérrimo de “Los Paraísos”; al año siguiente Enrique Morín articula una antológica gira charra por varios países de Europa.

La foto jala las pupilas hacia la estética con que va fraguando la faena.

En el rancho aquel había además una cuadra de caballos cortos y de baja alzada, bastante cómodos para la charrería a los que llamaban “Zamarripa”; eran descendientes de unos corceles franceses que había importado Arturo Ducoint, y con el tiempo fueron tomando menor tamaño a raíz de cierta consanguinidad, sin embargo conservaron subrayado brío. En ellos el personaje rememorado por medio de esta tinta, coleaba ya de manera mejor que decorosa a la corta edad aún e infantil de los 12 años. 

Cuando se colgaban en los hogares los calendarios de 1959, en la parte central del mapa mexicano empezaba a emerger una asociación que con el tiempo se convirtió en paradigma y que marcó nuevas eras y rutas con brillantes estrellas en su alto cielo, la de los “Hermanos Pedrero”, formada principalmente justo con varios de los hermanos de tal apelativo, y otros “Quijotes” que se fueron uniendo. A esa nómina tan selecta precisamente va a parar el nombre de Enrique Morín, cuando contaba apenas los 14 abriles.

Pronto se afianza en tan exigente grupo y además sin descuidar la instrucción académica pues cursaba el bachillerato en la Universidad de Guanajuato desde donde viajaba en “Flecha Amarilla” a la hacienda de La Cantera –sentada aproximadamente a 10 kilómetros de la ciudad de Lagos de Moreno- a practicar charrería.  

Enrique Morín, jinete universal: La cámara le hizo prisionero para este marco; se trata de una contienda con vaqueros norteamericanos en el lienzo de San Luis de la Paz en 1979. Obsérvese la envergadura del toro.

De manera inmediata su luz charra ilumina el ambiente y el de su propia galería; al cumplir los 15 años, es decir, a uno de haber escrito su nombre en el papiro de “Los Pedrero”, hace las diligencias suficientes para ganar el trofeo de Campeón Nacional de paso de la muerte en el congreso de 1960, vertido sobre la carpeta arenosa del lienzo de Salamanca, Guanajuato.

A los 17 años cumplidos era ya simple y complejamente… una figura de la charrería. Es entonces que se le considera para un viaje de mucha importancia a San Antonio Texas, en donde se celebran, con un bouquet original y un perfil muy hondo, las fiestas de la Independencia de México; En cada versión se enviaba a un personaje para que diera el grito, y en la fecha a recordación fue Don Antonio Ortiz Mena.

El desempeño del grupo y en especial el del “Quijote” rememorado con estas letrillas, fue realmente cumbre, por lo que se le siguió convidando consecutivamente hasta completar una cantidad de años como para tomarse en consideración. Habían provocado formidable impresión.

El 2 de enero de 1972 se enfrentó al célebre “Toro Pinto” de los “Hermanos Pedrero” en el lienzo de “Los Paraísos” de León, Guanajuato. Hasta ese día había sido el que más reparos le soportó -30-; el rumiante llevaba 5 mil pesos prendidos en su devastador lomo.

El grupo en el que se injertó gracias a su alcance charro, y con el que hizo su primer viaje a la Unión Americana, se compactó en el gusto del público estadounidense y posteriormente, en 1964 cubrieron la feria mundial, cuya publicidad tenía un colage de imágenes congeladas de los guerreros de sombrero ancho que habían incursionado un año anterior.  

************Para 1965, ganando circunstancialmente el sitio a su hermano Fidel -otro formidable jinete fuera de cualquier enlistado- es juntado en la selección de la Federación de Charros y entonces fragua una gira imposible de olvidar sobre el mundo viejo: España, Portugal, Holanda, Bélgica, Alemania e Italia.

En 1970 jineteando a una mano con enorme “facilidad”; se trata de la arena de “Los Paraísos”.

El conjunto ve como al sortilegio de sus recios y charros cuadros, los cosos taurinos apenas pueden contener con sus columnas las entradas extraordinarias que hacía un público entusiasta y admirado. Especialmente en Portugal la gente sufría catarsis de emociones cuando jineteaban ¡toros de lidia!

En cosos ibéricos tuvo la “oportunidad” de montar astados quemados con la legendaria y negra efigie ganadera de ¡Miura!, dehesa de miedo en cuyos agostaderos se alimentaron toros que dieron cuenta de las vidas de varios coletas importantísimos como Manuel García y Cuesta “El Espartero”, y del mismísimo Manuel Laureano Rodríguez Sánchez “Manolete”, entre otros. Todo un dato irrepetible para que no se le olvide a la memoria colectiva de los aficionados a la charrería.

En 1965 es señalado, en lugar de su hermano Fidel, para que haga grupo con la selección charra de la Federación; entonces traza semejante gira por varios países del mundo viejo.

En la foto, ahora hondamente nostálgica, se ve jineteando una bruta en Portugal.

El viaje marca, por otro lado, un nuevo paisaje para la historia de la fiesta charra: De mente abierta, educada, ágil y receptiva, Enrique captura en ella la gran idea de las “cubiertas” para proteger los pitones de los toros y evitar así percances graves a los jinetes; En Portugal estos aditamentos tienen un origen técnico: aún hoy día se siguen usando para evitar que los toros provoquen percances graves a los caballos de los rejoneadores. En ese país lusitano la sociedad “protectora de animales” mantiene una fuerza devastadora que camina muy a corriente contraria a las tradiciones, y en lugar de que los bureles sean despuntados –como sucede en España, México y otros países de América-, se cubren los cuernos con las dichas protecciones de baqueta; Una mueca ciertamente burlona le hace el destino, pues en Colima un toro le produce el percance más serio de su trayectoria arriba de los dorsos de los descendientes de “Bos Primigenios”; las para entonces ya conocidas en el ambiente charro como corneras, le quedaron chicas al astado que le tocó en suerte. Para salvarlas de un daño decide no abrirlas, de tan mala fortuna que al centro de su enloquecida orgía de reparos, derrota y le hiere en el ojo izquierdo produciéndole una herida bastante dolorosa, pero que por gracia del Creador no llega al grado de perder tan importante órgano; sí que le deja un soberbio trofeo en su anatomía para toda la vida…  

Un apacible pasaje charro en Europa.

Luego de la exitosa gira europea, se mantiene en la página de la selección de la Federación por 14 años, siendo que cada 12 meses aproximadamente había cambios en dicho selectivo. El último viaje que realizó con ésta fue en las postrimerías de 1975, recorriendo Costa Rica, Jamaica y Venezuela, cuando sentado en la silla presidencial estaba Luis Echeverría Álvarez.  

Enrique Morín Guerrero fue preparado, junto con el resto de miembros de la asociación “Hermanos Pedrero”, de una manera absolutamente profesional; Charro único que combinó, para extrañeza de muchos, el ejercicio charrístico y la licenciatura por doble partida –egresado en derecho y relaciones industriales de la Universidad de Guanajuato, a más de tres horas de gimnasio diarias-. En las hondas e intensas sesiones de entrenamiento, La Hacienda de la Cantera era el campo de concentración, y se sumergían en una especie de retiros religiosos; como el monje que se entrega a su culto, como el sultán a su harem, como el escritor al tintero, como el califa a su califato, como el poeta a su musa…

Eran modelados, y posteriormente moldeados en casi perfecto equilibrio físico y mental bajo la batuta de un “general”, ingeniero Gustavo Pedrero. La resonancia y prueba de lo escrito son varios campeonatos nacionales que ganaron por equipos –cuatro- y algunos en el peldaño de lo individual. El promedio arrojado por tal conjunto, según estudio matemático hecho por profesionales, arrojó una resulta de 9.2…

Extraña combinación que fraguó un hombre; Enrique Morín presentaba este cuerpo atlético. Charro y fino guerrero, profesionista por doble partida. Más de diez mil toros le sintieron sobre sus dorsos.

Había visto la vida una escuela nueva de charrería, original, aguda y carismática. Las faenas tenían ya mejor fondo técnico.  

El asunto estadístico de Enrique Morín merece ser tratado en especial hoja. Según el análisis de su existencia charra, pudo haber llegado a jinetear la extravagante cantidad de 10 mil toros aproximadamente, ya que solamente de entrenamiento dos meses antes de cada Congreso, jineteaba más de 300 toros; en  EUA, país en donde quizá mejor estructura organizacional tenga el rodeo, dentro del cual resaltan popularmente las jineteadas de toros, el vaquero que más cantidad de jineteadas registra es Larry Majan, 4000… es decir, cantidad bárbara, pero muy inferior a la que Enrique Morín dio vida.

Luego de una trayectoria francamente elevada, se retira de las competencias oficiales el año 2000 en el lienzo de San Luis de la Paz.  

Enrique Morín Guerrero no tiene descanso; todavía para el 2009 estaba impreso sobre papeles cobijados con las maderas de su escritorio, un proyecto formidable titulado “Academia de Charrería”, en el que se contemplan conceptos realmente de profundidades y con el que se involucran asuntos tan importantes como el honor, el deporte, la historia, la lealtad, la identidad y hasta la moral, entre otros.  

Enrique Morín Guerrero, “El jinete de hierro”… figura de la charrería.  
 

La fiesta estará en escena del 14 de octubre al 1 de noviembre