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15.- VOLVER A CASA
Ah, que alegría volver a casa,
en donde siempre me está esperando
mi pequeñita con su mamá.
Llegué hace rato de la oficina,
dejé en la puerta toda la carga,
di un paso adentro y dije: “¡al fin!
“¡estoy en casa!”
Busqué a mi niña en su recámara
y no vi nada;
entré en la mía
y vi enseguida lo que buscaba:
ahí estaba mi princesita
con su mamá.
Ella al mirarme dio un salto
rápido,
corrió hacia mí,
me dio un abrazo,
me dijo: “¡te amo, te quiero mucho¡”,
yo a ti también, mi dulce cielo,
le contesté.
Nos dimos cientos, miles de
besos,
mientras que en brazos la fui llevando
hasta su cuarto.
Ahí me dijo paso por paso,
lo que en la tarde le sucedió:
“vi un gato enorme en el tejado
de la vecina,
pero se fue dando de brincos
cuando le hablé;
ayudé a Rosy a barrer el patio:
quedó muy limpio ¡ya lo veras!”
“Jugué un ratito con el
sombrero,
con el rebozo, las arracadas,
y un moño de esos de mi mamá,
a que montaba en la escaramuza,
y era muy linda, igual que ella,
cuando se pone el vestido azul,
el de adelita, que le trajiste
de Michoacán.”
“Después ¿qué crees?,
castigué a Pegy
porque no quiso obedecer,
y ahí se queda esa muñeca
hasta mañana, en el rincón.
Me hice un raspón en mi rodilla,
mas no te asustes,
porque mi mami ya me curó”.
Y así, contando,
con su carita llena de gozo
poquito a poco se fue durmiendo.
Le dí, entonces, con toda mi alma
mi bendición.
Luego, dichoso, fui con su
madre,
le di un abrazo, un largo beso,
y en cuerpo y alma mi amor de esposo.
¡Ah! que alegría volver a casa,
en donde siempre me está esperando
mi pequeñita…
¡y su mamá!
José Ma. Parga Limón |
16.- O C H O A D E L I T A S
Ocho son las adelitas que
galopan en el ruedo.
Ocho los briosos caballos que ondean su crines al viento.
Ocho los finos jaranos que ornan las trigueñas frentes,
y ocho los vistosos moños de femeninos diseños.
Ocho rebozos tejidos en
telares ancestrales.
Ocho vestidos que evocan romanticismos de ensueño.
Ocho los pares de botas del estilo “jalisciense”,
y ocho argentadas espuelas, que con la luz centellean.
Ocho inteligencias, lúcidas,
ocho voluntades, férreas;
ocho pechos en que anidan ocho amores que desvelan.
Ocho Evas que sintetizan los valores de mi tierra,
y que a su tiempo serán, esposas, madres, y abuelas.
Ocho las que multiplican las
entradas en los lienzos,
pues con sus doce ejercicios hacen un encantamiento.
Ocho en una escaramuza, pero en México, ochocientas,
y otras muchas que cabalgan al norte de la frontera.
A ti mujer de a caballo:
valerosa y delicada,
a ti mujer mexicana: ejemplo de pundonor,
yo te canto fervoroso con suprema admiración.
Y si ocho vidas tuviera, ¡en las ocho, te admirara¡
José Ma. Parga Limón
18.- TODO SERÁ TI
Mi
chaparrera piteada
daría por una mirada;
sombrero, sarape y lazo,
tan sólo por un abrazo,
y por besarte, a ti sola:
caballo, silla y pistola.
Quiero que seas en mi vida
la presencia más querida.
Quiero que seas mi futuro,
y quiero vivir seguro
de que eres feliz conmigo,
al igual que yo, contigo.
Es
por eso que aquí vengo
a ofrecerte lo que tengo,
y es por eso que aquí estoy
para darte lo que soy.
Todo será para ti,
cuando me digas que sí.
José Ma. Parga Limón
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17.- MORENA TENIA QUE SER
En la fiesta mexicana
“La Chacha”, linda adelita,
luce preciosa, bonita,
sobre su noble alazana.
En lomos de “La catrina”,
desde muy temprana edad
monta con seguridad
y con gracia femenina.
Ni al correr, ni el rayón,
descompone su figura,
siempre monta con soltura
en cualquier evolución.
Basta un toquecito suave
para que la bestia entienda,
pues es de muy buena rienda
y la amazona lo sabe.
Pasa a galope ligero
y se mira esplendorosa:
vestido color de rosa,
de fieltro blanco el sombrero.
¡Van las crines por le
viento,
va el holán revoloteando,
niña y yegua cabalgando
son un vivo monumento!.
¡Quien pudiera ser Icaza
pa´poderla retratar
y en ella representar
a la mujer de mi raza!
Imagen digna, galana,
y charra a más no poder,
¡morena tenía que ser
como la Guadalupana!
Al verla allá en la
escaramuza,
un charro, allá en el
tablado,
con orgullo bien fundado
el gran mostacho se atusa.
Razón de sobra, compadre,
tienes pa´ enorgullecerte:
¡muy pocos tienen la suerte
que tienes tú como padre¡
José Maria Parga
Limón
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19.-
¿QUÉ LE PASA A
BALDEMAR?
(a los charros adolescentes)
¿Qué le pasa a Baldemar?
siendo tan buen pialador
y nuestra carta mejor
ni un pial hoy pudo agarrar.
Quien sabe que le pasó
que al tirar su primer lazo
sucedió el primer fracaso:
¡la yegua lo desarmó!
En los treinta metros,
luego,
falló vueltas el ingrato,
arriesgando el campeonato.
Tengan piedad se los ruego
Ayúdenme a investigar
qué le pasa a Baldemar.
Sólo le faltaba una,
la última oportunidad,
y se fue sin novedad,
¡como que andaba en la luna!.
Tan buen record que llevaba,
sin fallar ninguna, ¡pues!,
pero con este revés
su liderazgo de acaba.
De pronto, llegó el
chiquillo
que da agua a la caballada,
sonrisita dibujada
en esa cara de pillo,
y me empezó a detallar
que le pasa a Baldemar.
Me dijo que el pialador,
allá en la caballeriza,
fue y le declaró a Marisa
su sentimiento, su amor.
Marisa es la capitana
de la Escaramuza Alteña,
de ojazos azules dueña
y una boquita de grana.
Ella dio el asentimiento
con dulcísima mirada,
el charro besó a su amada,
y se oyó en ese momento:
¡la charreada va a empezar!
¡donde anda ese Baldemar!
Por la emoción tembloroso
montó el jinete, veloz,
y fue a donde aquella voz
en su cuatralbo precioso.
Si hoy como tonto se porta
la cosa resulta obvia:
el mozo ya tiene novia,
y lo demás poco importa.
Ya todo tiene sentido
y razón de mucho peso,
¡tiene más valor un beso
que un campeonato perdido!,
¡vámonos a celebrar
el triunfo de Baldemar!
José
Ma. Parga Limón |
20.- SEÑOR DE LA CABALLADA
No hay caballo retobón,
que por bronco o resabiado,
no lo haya dominado
Don José María Limón.
Ni tampoco sé de otro
que le haya superado
en quitarle lo amañado
o hacer a la rienda a un potro.
Han pasado por sus manos
moros, canelos y pintos;
gueros, bayos y retintos;
rosillos y porcelanos.
Enemigo del mal trato,
(como eso es cosa de ciencia),
con sabiduría y paciencia
dóciles los deja al rato.
¡Que bien los sabe tratar!:
“quieto bonito, bonito...
ten de azúcar un cachito,
ven, que te voy a montar”.
Nunca cobra sus servicios
de doma o adiestramiento,
pero se entrega contento
a ejercer esos oficios:
“Con los dones del Señor
no se debe hacer negocio;
y en vez de tirarme al ocio
prefiero hacer un favor”.
Y se da por bien pagado
con mirar Samuelito:
“quieto bonito, bonito...”
en una caña montado.
En el portal de cantera
que al frente tiene su casa,
allá cerca de la plaza
puede encontrarlo cualquiera.
Pues verlo ahí es muy
frecuente,
de cara hacia la banqueta,
en su equipal de vaqueta
sentado plácidamente.
Es caballero y es “Don”;
es culto y es campirano,
siempre tendida la mano,
siempre abierto el corazón.
Tu fama y estimación
te la tienes bien ganada,
“Señor de la Caballada”,
Don José María Limón.
José Ma. Parga
Limón
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